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"Your song" de Elton John

 
  Relatos o cuentos cortos  
     
 

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  SIGUE BRILLANDO  
   
 

Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga.
 

Esta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora. La serpiente no pensaba desistir.

Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada...

En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:

- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- No he tenido este precedente con nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar...

- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
- No
- ¿Yo te hice algún mal?
- No

- Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

- Porque no soporto verte brillar...

 

Moraleja:

Muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos:

¿Por qué me pasa esto? No he hecho nada malo, ni daño a nadie.

Sencillo es de responder… porque no soportan verte brillar…!!!

Cuando pase esto, no dejes de brillar, continúa siendo tú mismo y sigue dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran, sigue brillando y no podrán tocarte porque tu LUZ seguirá intacta.

 

Tu esencia permanecerá pase lo que pase.

Se siempre auténtico, aunque TU LUZ moleste a los predadores!!

 
     
   
   
  BRITISH AIRWAYS  
     
 

El 14 de Octubre de 1998, en un vuelo trasatlántico de la British Airways,

tuvo lugar el siguiente suceso:

 

A una dama la sentaron en el avión al lado de un hombre de raza negra. La mujer pidió a la azafata que la cambiara de sitio, porque no podía sentarse al lado de una persona tan desagradable. La azafata argumentó que el vuelo estaba muy lleno, pero que iría a revisar a primera clase a ver por si acaso podría encontrar algún lugar libre.


Todos los demás pasajeros observaron la escena con disgusto, no sólo por el hecho en sí, sino por la posibilidad de que hubiera un sitio para la mujer en primera clase. La señora se sentía feliz y hasta triunfadora porque la iban a quitar de ese sitio y ya no estaría cerca de aquella persona.

Minutos más tarde regresó la azafata y le informó: Discúlpeme señora, pero efectivamente todo el vuelo está lleno, afortunadamente encontré un lugar vacío en primera clase. Sin embargo, para poder hacer este tipo de cambios le tuve que pedir autorización al capitán. Él me indicó que no se podía obligar a nadie a viajar al lado de una persona tan desagradable.

La señora, con cara de triunfo, intentó salir de su asiento, pero la azafata en ese momento se volvió y le dice al hombre de raza negra: "¿Señor, sería usted tan amable de acompañarme a su nuevo asiento?".

Todos los pasajeros del avión se pararon y ovacionaron la acción de la azafata.

Ese año, la azafata y el capitán fueron premiados y gracias a esa actitud, la empresa British Airways se dio cuenta que no le había dado demasiada importancia a la capacitación de su personal en el área de atención al cliente, la empresa hizo cambios de inmediato; desde entonces en todas las oficinas de British Airways se lee el siguiente mensaje:

 

"Las personas pueden olvidar lo que les dijiste, pueden olvidar lo que les hiciste,

pero nunca olvidarán cómo los hiciste sentir".

 
     
   
   
  EL MEXICANO  
     
 

Un hombre de negocios norteamericano estaba en el embarcadero de un pueblecito costero de México cuando llegó una barca con un solo tripulante y varios soberbios atunes.

El norteamericano felicitó al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo había tardado en pescarlo.

El mexicano replicó:  Oh! Sólo un ratito.

Entonces el norteamericano le preguntó por qué no se había quedado más tiempo para coger más peces. El mexicano dijo que ya tenía suficiente para las necesidades de su familia.

- El norteamericano volvió a preguntar:


¿Y qué hace usted entonces con el resto de su tiempo?

- El mexicano contestó:

-Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer, voy cada tarde al pueblo a tomar unas copas y a tocar la guitarra con los amigos. Tengo una vida plena y ocupada, señor.

- El norteamericano dijo con tono burlón:


- Soy un graduado de Harvard y le podría echar una mano. Debería dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más grande. Con los beneficios que le reportaría una barca más grande, podría comprar varias barcas. Con el tiempo, podría hacerse con una flotilla de barcas de pesca. En vez de vender su captura a un intermediario, se la podría vender al mayorista; incluso podría llegar a tener su propia fábrica de conservas. Controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización. Tendría que irse de esta aldea y mudarse a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y finalmente a Nueva York, donde dirigiría su propia empresa en expansión.

- Pero señor, ¿cuánto tiempo tardaría todo eso?
- De quince a veinte años.
- Y luego ¿qué?

- El norteamericano soltó una carcajada y dijo que eso era la mejor parte:

- Cuando llegue el momento oportuno, puede vender la empresa en bolsa y hacerse muy rico. Ganaría millones.

- ¿Millones, señor? Y luego ¿qué?

- Luego se podría retirar. Irse a un pequeño pueblo costero donde podría dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos, hacer la siesta con su mujer e irse de paseo al pueblo por las tardes a tomar unas copas y tocar la guitarra con sus amigos…

 

…A MEDITAR

 
     
   
   
  LA LECCIÓN DE LA MARIPOSA  
     
 

Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo; un hombre se sentó y observó a la mariposa durante varias horas, mientras ella se esforzaba para hacer que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero.

Parecía que la mariposa había dejado de hacer cualquier progreso.

Parecía que había hecho todo lo que podía, pero no conseguía agrandarlo.

Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: tomó una tijera y abrió el capullo.
La mariposa pudo salir fácilmente.

Pero su cuerpo estaba marchito, era pequeño y tenía las alas arrugadas.

El hombre siguió observándola porque esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrieran y estirasen para ser capaces de soportar el cuerpo, y que éste se hiciera firme.

Nada aconteció!

 

La mariposa paso el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo marchito y unas alas encogidas.

Nunca fue capaz de volar.

 

Lo que el hombre, en su gentileza y su voluntad de ayudar no comprendía,

era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era la forma en que el fluido del cuerpo de la mariposa, fuese a sus alas, de tal modo que ella estaría lista para volar, una vez que se hubiese liberado del capullo.

 

Algunas veces, el esfuerzo es exactamente lo que necesitamos en nuestra vida.

Si pasamos por nuestras vida sin encontrar ningún obstáculo, estaríamos limitados.

No lograríamos ser tan fuertes como podríamos haber sido.

 

Nunca podríamos volar.

 
     
   
   
  MAL TEMPERAMENTO  
     
 

Había una vez un muchacho quien tenía un mal temperamento.
Un día su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera sus nervios, debería clavar un clavo en la parte de atrás de la cerca.
El primer día el muchacho había puesto 37 clavos en la cerca.

En las siguientes semanas, así como iba aprendiendo a controlar su ira el número de clavos iba disminuyendo gradualmente.
Descubrió que era más fácil controlar su mal temperamento que poner aquellos clavos en la cerca y finalmente llegó el día en que el muchacho no perdió sus nervios para nada.
Le habló a su padre acerca de esto y él le sugirió que ahora fuera quitando un clavo por cada día en el que era capaz de controlarse.

Los días pasaron y el muchacho finalmente fue capaz de decirle a su Padre que había quitado todos los clavos.
El padre tomó a su hijo de la mano y lo condujo a la cerca. Le dijo:
"Lo has hecho bien, hijo, pero observa los huecos en la cerca.

La cerca nunca volverá a ser la misma.
Cuando dijiste cosas enfadado, ellas dejaron una cicatriz como ésta.
Tú puedes ponerle un cuchillo a un hombre y cortarlo.

No importa cuantas veces digas lo siento, la herida seguirá ahí".
Una herida verbal es tan mala como una física.

 
     
   
   
  EL GUARDIÁN DEL FARO  
     
 

El faro está afianzado en la roca, no importa dónde se construya.

A veces el faro es reconstruido en otras zonas mientras cambian el clima y las condiciones, el mismo faro, el mismo guardián del faro, siempre afianzados en la roca.

El faro está ahí para hacer una cosa: hacer brillar la luz.

El propósito de la luz a menudo es cambiado.

A veces es un aviso, a veces está allí para atraer la atención y a veces está ahí para guiar.

Cualquiera sea el propósito, siempre está anclado en la roca.

El sabe algo que los otros no saben. Sabe dónde están las rocas, dónde está el problema, y está allí para guiar a los barcos evitando las rocas.

¡Cuando la luz es capaz de ayudar a conducir a los barcos a salvo a la bahía, en el faro se regocijan!

Cuando esto sucede, el guardián del faro no se va al barco y hace una fiesta con el capitán.

En vez de eso, el guardián se regocija silenciosamente y continúa haciendo brillar la luz.

Los capitanes que llegan al puerto a salvo, gracias a la luz del faro, nunca conocen al guardián del faro.

¡El guardián del faro no publica una declaración para decirles a otros que salvó un barco!

Se queda en silencio y continúa, generalmente a solas, enclavado en la roca.

 

Algunas personas pasan por la vida de los demás intentando ayudar, guiar, tender la mano, pero todo se derrumba cuando dejan el faro y suben al barco para celebrar...

Otras en cambio ayudan en silencio, tocan e iluminan las vidas de muchos a su paso, no buscan ningún reconocimiento, dan porque sienten algo maravilloso al hacerlo y sienten paz cuando han logrado salvar o hacer sentir mejor al otro...

Esas personas son verdaderos faros no necesitan figurar, no necesitan ser aplaudidos, no necesitan que los adulen, ni que los hagan sentir importantes.

Ellos siguen firmes en la roca y saben que su luz siempre será de ayuda para quien la necesite. 

 
     
   
     
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