Este apartado
está dedicado "a mis dos amores" mis hijos David y Gloria.
Si me
preguntaran como me gustaría que fuesen mis hijos, sin dudar un
segundo diría tal y como son, no cambiaria ni una sola cosa, dos
grandes y buenas personas de los cuales me siento muy orgullosa;
quien les conoce, al leer esto saben que no es pasión de madre.
Tengo la
convicción que la mejor herencia que le podemos dejar a nuestros
hijos es el tiempo y el cariño que les dedicamos desde
pequeñitos
transmitiéndoles "los valores" que les ayudaran a ser buena gente y
a tomar decisiones a lo largo de su vida.
¿Qué es un valor? Es algo
importante por sí mismo en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Exige
de nosotros una respuesta, en esa respuesta,
positiva o negativa, está la diferencia
entre lo bueno y lo malo, el gran reto para la libertad humana. En
esta decisión diaria, constante, vamos construyendo nuestra
personalidad. Con buenos hábitos o valores vamos formando el camino
para mejorar nuestra calidad humana.
"Son las gotas que forman las olas
que, al fin de cuentas, mueven los océanos".
Jóvenes y adultos, admiten la
necesidad de los valores morales, aunque algunos no tienen un concepto claro de
ellos ni de su papel esencial en sus vidas. La crisis de valores se origina
por su desconocimiento o ignorancia, sobre todo, en la ausencia de formación, en la
familia y en la escuela.
Me gustaría
resaltar la relevancia de los valores, con un vocabulario sencillo, suscitando
a la
lectura y la reflexión.
Los valores morales
son esenciales, perennes y universales. Pese a las transformaciones
de la sociedad, las modas y la diversidad de culturas, se mantienen inalterables y
pasan de generación en generación.